La reciente –y descarada– intervención del Presidente de EE.UU. en las elecciones de Honduras sienta un nefasto precedente para la región latinoamericana. El mensaje en redes sociales de Donald Trump tuvo indudablemente un efecto en el proceso electoral. No es la primera vez que EE.UU. incide directamente en los procesos electorales de Honduras, aún tenemos fresca la memora de la Encargada de Negocios Heyde Fulton, dando la “bendición” al fraude electoral de 2017, para que luego con un pronunciamiento de felicitación del Departamento de Estado, el 22 de diciembre de 2017, se proclamara Presidente a Juan Orlando Hernández, el narco-dictador.

Estas han sido sin duda las dos intervenciones más visibles de EE.UU., aunque definitivamente no las únicas. Durante el siglo XX, muchas de las elecciones en Honduras fueron definidas en “La Embajada”. Pese a ello, la reciente intervención de Trump resulta sin duda la más obscena y escandalosa, aunque aparentemente no ha resultado significativa para las Misiones de Observación Internacional como la OEA o la de la Unión Europea, que hasta el momento no se han pronunciado.
Por otro lado, mientras el descomunal despliegue militar en el Caribe se justifica como una “lucha anti-drogas”, en el escenario de las elecciones hondureñas se libera –vía indulto– a un narcotraficante convicto hondureño, Juan Orlando Hernández, quizá uno de los más grandes de la historia de la región. Sin duda el más grande que hemos conocido en Honduras.
He leído diversos análisis, con múltiples perspectivas, condenando la injerencia y la liberación del Capo. Sin embargo, me parece que podemos darle más perspectiva histórica a este último capítulo del intervencionismo de EE.UU. en la región y especialmente en nuestro país, Honduras.
Y es que Honduras ha sido, vergonzosamente, la “República Bananera” por excelencia. Durante décadas fue una “república títere”, con diversas intervenciones militares y maniobras, una gran plantación con aparente administración política local, pero donde la Compañía frutera puso y quitó presidentes. Nuestro territorio fue también el “portaviones de EE.UU.” en Centroamérica durante la década de 1980, cuando se instaló no solamente la base militar conocida como “Palmerola”, sino una serie de bases militares, campamentos y centros de operaciones de la Contra revolución nicaragüense y operaciones encubiertas de la CIA, ligadas en muchas ocasiones al narcotráfico, como revelaría luego el escándalo “Irán-Contras”.
Es este último elemento el que considero requiere más énfasis, sin desconocer las otras aristas. Palmerola y sus complementos en nuestro territorio, entre ellos la Isla del Cisne(1). Esa base militar que opera hace más de cuatro décadas y todas las posibilidades que ofrece nuestro territorio, siguen siendo de gran interés a nivel de despliegue de operaciones militares, especialmente en el contexto actual de agresión militar de EE.UU. en el Caribe, amenazando a Venezuela, Colombia y toda la región.
Nuestro gobierno ha tomado muchas decisiones soberanas y de política exterior que “incomodan” al imperio. Acá no haré listado de los muchos “atrevimientos” que el Gobierno de la Refundación ha tenido materia de soberanía. Pero me parece importante destacar entre ellos que las operaciones conjuntas en Palmerola han sido estrictamente para acciones humanitarias, la repatriación de migrantes Venezolanos una de las más trascendentes.
En este contexto, podemos olvidar el mensaje del 1 de enero de 2025 de la Presidenta Xiomara Castro, cuando hizo mención explícita a la Base Militar, planteando la posibilidad de reconsiderar el convenio militar, si se producían deportaciones masivas de migrantes hondureños.
Estas líneas, más que un análisis profundo, son una invitación a explorar en la perspectiva histórica. Recordando que en ese abyecto pasado reciente de nuestro suelo de “Porta aviones de Centroamérica” y en el “Escándalo Irán Contras”, podemos encontrar muchas pistas para entender el escenario actual.
Natalie Roque Sandoval
03 de diciembre de 2025
(1) No hay que desconocer que pese a su fachada ambientalista, el boicot al proyecto de la Cárcel en las Islas del Cisne, habría sido impulsado en parte por intereses geopolíticos e incluso por intereses del narcotráfico.