O de cómo te conocí, trovador.
Septiembre de 2015
Estos últimos días te he estado escuchando mucho, siempre me acompañas, en especial en momentos definitorios. No estoy segura de cuando te escuche por primera vez, sospecho fue en la cuna. Eres el cantor de la Revolución, de las Revoluciones, de nuestras madres y padres, de mi madre.
Ayer, escuchando tu canto en Paradiso, conté – por enésima vez- la historia de cómo te conocí y recordé que siempre prometo escribirlo.
Hoy intento escribir la historia de ese instante, escuchándote mientras llueve en Tegucigalpa y fluye en mis ojos el torrente de que te llegó a conmover.

Fue en Romerillo,un barrio de La Habana, en 2011. En la gira de conciertos por los barrios. Lo anunciaron por la televisión, anoté el lugar y empecé a contar los días.
Ese sábado llegué muy temprano, sola, preguntando por el camino… Comenzaba a llenarse de gente.
De repente alguien dijo: Silvio! Y te vimos. Estabas muy cerca, tomando fotografías, la gente comenzó a acercarse, firmaste el álbum de una quinceañera, alcancé a acercarme como a un metro, casi te podía tocar, fue solo un instante. Luego te rodearon muchos y te alejaste.
Inició el concierto y el torrente de sal se desbordó en mis ojos. Es que tu canto tiene ese efecto, incrementado desde que mi madre partió, ella me enseñó a amarte y soñábamos con alguna vez escucharte en vivo, juntas. Lloré y canté de principio a fin, nunca imaginé que alguien lo hubiese notado y menos que el torrente llegase a ti. Ese día regresé a casa en una nube.
En el concierto alguien de tu equipo tomaba fotografías de la multitud, tomaba una serie de fotografías del mar desbordado en mis ojos. Te las mostraron y las subieron a la página web,dijiste que si regresaba a otro concierto me saludarías.

Volví a otro concierto, en El Fanguito.
Me sorprendió que al llegar alguien de tu equipo me habló: Tu eres la chica de Romerillo? ?La que lloraba? Ven acá! Quédate cerca…
Yo no lo podía creer, no entendía bien, pero allí me quedé, muy cerca de escenario. Al comenzar el concierto me permitieron estar delante de la valla, sentada no recuerdo en qué, frente a tí, sin nadie más -o al menos así me pareció-.
Fue otra velada inolvidable, a veces interrumpida por algún flash -fueron mis lágrimas las que me llevaron allí- lloraba de nuevo y otro destello. Pronto los olvidé y solo estabas tu.
Cantaste Quien fuera -ahora nuestra canción- y estoy segura de que a a ratos me cantaste, que a veces me mirabas, que por un breve instante cantaste solo para mí. Me gusta recordar ese concierto desde mi perspectiva, donde solo estábamos tú y yo. Terminó el concierto, la gente comenzaba a partir y nuevamente alguien me dijo que me quedara por allí. Unos minutos después me guiaron a la casa donde estabas.
Te abracé largamente y mis ojos te dijeron más de lo que alcancé a expresar. Logré hablarte un poco sobre mi Honduras y su lucha, sobre los conciertos en los barrios de la Resistencia. Dijiste que esperabas alguna vez poder cantarle a nuestra Revolución.

Hablamos sobre Honduras…Así fue ese instante, que permanecerá en mi memoria hasta el final.
Te volví a ver en enero 2014, diluida junto a mi mar en la multitud, despidiéndome de nuestra Habana.
Ojalá alguna vez te vuelva a abrazar…
Tegucigalpa, septiembre de 2015